La protección de datos, un negocio creciente

Este verano ha sorprendido ver cómo los usuarios de Tor Porject, un programa gratuito que asegura el anonimato en la red, habían crecido como la espuma. Y con ello, se han vertido todo tipo de especulaciones al respecto. Los datos eran clarividentes. Sin más, los usuarios pasaron de 50.000 diarios, a mediados de agosto, a más allá de 4.000.000 por estas fechas, según la misma organización .

Para los menos familiarizados, Tor Project es una iniciativa de los responsables de la web de torrents ‘The Pirate Bay’ que consiste en un programa gratuito, con versiones para Android e iOs, que permite camuflar nuestra dirección IP (la matrícula de nuestro dispositivo) mientras navegamos en la Red.

Esto es posible porque la navegación en la Red se realiza de manera encriptada. Además, el tráfico se hace mediante un tránsito aleatorio -y algo laberíntico- de nodos conectados a la red de Tor. Así, la web de destino es incapaz de reconocer de dónde proviene la consulta. Es decir, reconocer la matrícula de nuestro ordenador, móvil o tableta.

Su uso reúne perfiles de todo tipo: activistas, periodistas, hackers, usuarios que quieren burlar la censura de sus países o, sin más, gente que prefiere preservar su anonimato mientras navega en portales pensados para actividades poco ‘honorables’, como la pornografía o venta de drogas.

Así, un estudio de la universidad de Luxemburgo prueba que las principales visitas de los usuarios de Tor llevan a contenido para adultos o sobre compra de drogas, caso del polémico ‘Silk Road’.

Posibles causas

¿Pero qué causas se han barajado para justificar el aumento de usuarios de Tor? Desde la protección personal tras la revelación del ciberespionaje de los EEUU hacia sus ciudadanos a raíz del caso Snowden, pasando por la entrada en vigor de una ley antipirata en Rusia o hasta la apertura de la appStore en Irán… especulaciones miles que abarcan a muchos países. Pero, al final, un caso de botnet –instalación de un software malicioso en un dispositivo y ordenar tareas automáticas sin que el usuario se percate- se ha llevado el gato al agua.

Según detalla el blog de Tor Project , la causa es que “alguien ahí fuera infectó millones de ordenadores y como parte del plan instalaron Tor en los dispositivos”. Se añade que una vorágine tal de usuarios puede afectar al rendimiento del sistema, sin embargo, la organización ha tomado medidas para que las afectaciones sean mínimas. Es curioso que desde la misma compañía no se aporta dato alguno sobre la autoría de este ataque.

Se da el caso que, el pasado julio y un mes antes del auge de usuarios debido al botnet, el FBI accedió a los servidores de Tor para resolver un caso de pornografía infantil. Tras la operación, los federales detuvieron a Eric Oin Marques, arquitecto irlandés de 28 años, sobre el que pesa una pena de hasta 30 años de prisión y es considerado “el mayor difusor de pornografía infantil del planeta”. Proceso al margen, no deja de ser chocante la facilidad con la que el FBI ha podido acceder a Tor, un lugar en el que se asegura el anonimato de sus usuarios, y da a entender que hackers y gobiernos van de la mano más de lo habitual .

Los usuarios se preocupan de su anonimato

A pesar del botnet, el hecho es que se observa una creciente preocupación de los usuarios para proteger su anonimato en la Red. Prueba de ellos es una reciente encuesta, publicada por Internet and American Life Project, en la que la mitad de los americanos manifiesta sentirse preocupado por la cantidad de información que se puede hallar sobre uno mismo en la Red. En 2009, este dato, era sólo del 33%.

Según la encuesta, el 55% de los usuarios reconoce haber tomado algún tipo de medida para ocultar información frente a otros usuarios, organizaciones o el Gobierno. La principal medida consiste en borrar ‘cookies’ del navegador, según afirman el 64% de los encuestados. Pese a estas medidas, el 59% de los usuarios cree que es imposible alcanzar el anonimato en la Red.

Y la preocupación por preservar los datos en la red no es sólo patrimonio de los usuarios. El caso es que las empresas también se encuentran en la misma tesitura. No tanto para evitar el rastreo de por dónde navegan. Más bien, para proteger los datos de sus clientes de posibles ciberataques.

Empresas de protección de datos

Para una muestra, la evolución de la compañía Splunk en Wall Street, que ha crecido un 90% en 2013 y compite en el sector con grandes multinacionales como Hewlett Packard e IBM. El núcleo duro de Splunk es proteger a otras compañías de brechas en su sistema de seguridad y analizar datos de usuarios para establecer pautas de consumo en portales de e-commerce.

Sean empresas o usuarios, el caso es que es que la protección de los datos en Internet se ha convertido en un nicho de mercado en el que han empezado a aparecer los primeros de la clase. No sólo empresas que llevan años bregando en ello. Hablamos de países, como por ejemplo: Suiza. El país paradigma de la neutralidad en lo político y paraíso de ventajas fiscales en lo económico, ha sido el primero en mover ficha para hacer algo de caja con el negocio del ‘big data’.

El país helvético ha modificado su legislación para acomodar el asentamiento de empresas que gestionan datos privados en la red. “En Suiza no hay leyes de retención de datos tan estrictas como en los países de la UE o en los EEUU”, declara Phil Zimmermann, el director de Silent Circle, una empresa de encriptación de mail especializada en smartphones. En una entrevista en Forbes, él mismo añade que su empresa está instalando servidores en el país helvético.

En este sentido, en la misma publicación, la compañía de servidores suiza Artmotion argumenta que sus ingresos han pasado del 45 al 50% a lo largo del último año, gracias a la contratación de clientes como compañías de gas y petróleo que se decidieron por la firma suiza tras sufrir robos de datos.

A su vez, Suiza ofrece un entorno ideal a nivel fiscal que ha favorecido la implantación de filiales de e-commerce. Esto prueba la captación de agencias online de reservas hoteleras, según declara Mateo Meier, director de Artmotion, para Forbes.

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